Esta semana no desarrollamos absolutamente nada nuevo. Y creo que eso también hay que contarlo.
Durante mucho tiempo existe una idea bastante instalada en el mundo tecnológico de que una empresa “innovadora” tiene que estar sacando funcionalidades, plataformas o productos constantemente. Como si escribir código fuese automáticamente sinónimo de progreso. Nosotros esta semana estuvimos bastante lejos de eso. Y sinceramente, creo que fue mucho más importante.
Nos tocó recorrer industrias, productores citrícolas, aserraderos y algunas fábricas de la región. Conversaciones muy distintas entre sí, pero donde empezó a aparecer un patrón demasiado evidente como para ignorarlo. En prácticamente todos los casos, tarde o temprano, la conversación terminaba cayendo en el mismo lugar: huella de carbono, créditos y valorización ambiental.
Hace apenas unos años estos temas aparecían como algo accesorio o “de marketing verde”. Hoy ya empiezan a moverse como una variable económica concreta. Y lo interesante es que no viene solamente desde regulación estatal. Viene desde mercados externos, financiamiento, exportaciones y cadenas de valor completas que empiezan a exigir trazabilidad ambiental real.
Estuvimos además conversando con gente de CO2nversions, que trabaja posicionando créditos de carbono en Europa. Ahí aparecieron discusiones muy interesantes vinculadas a pirólisis, reciclaje, biochar y valorización de residuos. No puedo entrar demasiado en detalle todavía, pero sí puedo decir que fue una de esas semanas donde sentís que ciertas industrias están empezando a moverse más rápido de lo que muchos imaginan.
Y lo más importante es que, otra vez, apareció el mismo problema de siempre: los datos.
Porque todos quieren hablar de créditos de carbono, pero muy pocos tienen capacidad real de medir, modelar y sostener técnicamente lo que dicen generar o compensar. Ahí es donde empieza a existir una oportunidad enorme para empresas técnicas que puedan unir territorio, datos ambientales y automatización.
Mientras todo eso pasaba, terminamos la semana modelando un área gigantesca de la zona. Para ponerlo en escala: algo cercano al tamaño de CABA. Y ahí apareció otro problema mucho más operativo pero igual de importante.
Los volúmenes generados sobre unidades cuaternarias en Leapfrog Geo empezaron a romperse completamente.
El problema no es solamente visual. Cuando aumentás escala, densidad y complejidad geológica, los errores geométricos y las inconsistencias de interpolación empiezan a multiplicarse. La solución clásica es simple: más detalle, más control y más tiempo computacional. Pero justamente ahí es donde aparece el límite operativo de muchas consultoras técnicas.
Y creo que fue el momento más importante de la semana.
Porque recién ahí entendimos qué deberíamos construir nosotros.
No una plataforma porque sí. No IA para subirnos a una moda. No automatización para ponerla en una presentación comercial.
Sino una herramienta extremadamente concreta para resolver un cuello de botella real que nosotros mismos sufrimos trabajando.
Con la salida del nuevo modelo abierto impulsado por Sam Altman empezamos a pensar seriamente en desarrollar algo local que nos permita corregir o mejorar automáticamente esos volúmenes rotos de Leapfrog, acelerar procesos de modelado y reducir horas técnicas repetitivas.
Y creo que ahí hay algo importante para nosotros como empresa.
Durante mucho tiempo las consultoras técnicas crecieron acumulando más gente para producir más trabajo. Pero ese modelo empieza a mostrar límites rápidos: más estructura, más coordinación, más costo fijo y tiempos cada vez menos escalables.
Nosotros cada vez estamos más convencidos de otra cosa: construir tecnología únicamente alrededor de problemas operativos reales.
Si esta idea funciona, prometo dejar una versión abierta para que otros puedan probarla también. Primero porque sería útil. Y segundo porque creemos que la próxima generación de empresas técnicas va a compartir herramientas más de lo que va a esconder procesos.
Todavía no sabemos si funcionará.
Pero por primera vez en varias semanas sentimos que encontramos algo que realmente vale la pena construir.
Un domingo más escribiendo estas líneas, planificando la semana y tratando de seguir armando, paso a paso, la primera consultora tecnológica.
Firma:
Pedro Cardoso, CEO & Founder de GEXPLO