Estas últimas dos semanas estuvimos trabajando desde Estados Unidos. Pasamos por Los Ángeles, Chicago y Nueva York. El objetivo inicial parecía bastante claro: entender más de cerca cómo se están moviendo los edificios LEED, qué conversaciones reales existen alrededor de certificaciones ambientales y cómo las empresas están empezando a abordar seriamente temas como huella de carbono y huella hídrica.
Pero en la práctica el viaje terminó siendo mucho más que eso.
Lo más interesante fue ver la diferencia entre el discurso corporativo y el nivel real de preparación operativa que tienen muchas empresas. Hoy prácticamente todas hablan de sustentabilidad, reporting y ESG. Pero cuando la conversación baja a ejecución concreta —cómo medir consumos reales, cómo estructurar datos, cómo auditar procesos o cómo transformar información dispersa en decisiones operativas— ahí aparecen las limitaciones.
Y eso cambia completamente cómo vemos el negocio que estamos construyendo.
Durante años el mercado entendió la sustentabilidad como una capa de comunicación. Algo ligado a branding, compliance o reputación. Pero lo que vimos en Estados Unidos es que lentamente empieza a convertirse en un problema de infraestructura.
Porque medir huella de carbono no es llenar un Excel.
Medir huella hídrica tampoco es un dashboard bonito.
Detrás de eso hay sensores, procesos, trazabilidad, normalización de datos, interoperabilidad entre sistemas y capacidad de convertir información caótica en modelos auditables. Y cuando uno mira desde ese lugar, el problema deja de ser ambiental para convertirse en un problema tecnológico.
Ahí es donde sentimos que GEXPLO empieza a encontrar una posición mucho más clara.
En Nueva York también participamos de diferentes espacios vinculados a NY Tech Week y a las iniciativas impulsadas desde el Consulado Argentino y el Argentina Tech Hub. La conversación estuvo muy atravesada por inteligencia artificial, climate tech, venture capital e infraestructura tecnológica. Se habló mucho de cómo América Latina puede transformarse en un proveedor estratégico de talento técnico y soluciones aplicadas para industrias tradicionales.
Y honestamente fue interesante ver cómo cambia la percepción cuando uno sale del ecosistema local.
En Argentina muchas veces todavía se discute si estos temas son prioridad o no. Afuera la discusión ya pasó esa etapa. El foco está puesto en velocidad de implementación, captura de datos, eficiencia energética y capacidad de adaptación regulatoria.
Especialmente en climate tech, la sensación es que el mercado todavía está extremadamente verde, incluso en Estados Unidos. Hay muchísimo capital mirando el sector, pero también mucha superficialidad. Mucho pitch y poca infraestructura real. Mucha narrativa climática sin capacidad técnica para sostenerla.
Eso también nos sirvió para ordenar expectativas.
No estamos construyendo una empresa para “sumarnos a la ola ESG”. Estamos intentando construir capacidades técnicas que puedan sobrevivir cuando pase la moda y solamente queden las compañías capaces de operar con datos reales.
En una de las presentaciones también pude conocer más de cerca lo que está construyendo Cristian Casco con SERVIPRO, una plataforma enfocada en conectar múltiples categorías de servicios y profesionales en Argentina. Más allá del producto puntual, me interesó mucho ver cómo distintos emprendedores argentinos están intentando resolver problemas operativos reales desde tecnología aplicada y ejecución concreta, incluso en mercados extremadamente competitivos.
Ahí también compartimos conversaciones con Juan Manuel de Vera, Guido Antolini y Carlos Quiroga, cada uno trabajando desde lugares distintos pero muy vinculados a inversión, inteligencia artificial, corporate development y construcción de negocios tecnológicos entre Argentina y Estados Unidos.
Creo que uno de los mayores aprendizajes de estas semanas fue justamente ese: entender que el valor no aparece solamente en los eventos o en el networking superficial, sino en poder ver cómo distintos equipos están intentando construir soluciones reales sobre problemas todavía muy desordenados.
Y probablemente esa sea la parte más incómoda del proceso: entender que escalar no depende solamente de vender más, sino de desarrollar profundidad técnica suficiente para resolver problemas que todavía ni siquiera están bien definidos por el mercado.
Otro punto importante de estas semanas fue empezar a trabajar más fuerte mi marca personal. Durante bastante tiempo estuve enfocado solamente en construir puertas adentro: producto, procesos, equipo, operaciones. Pero empecé a entender que parte del crecimiento también requiere mostrar públicamente qué estamos construyendo, cómo pensamos y cuáles son las tensiones reales de crear una empresa tecnológica desde Latinoamérica.
No desde el lugar aspiracional típico de startup.
Sino desde algo mucho más operativo y real.
Mostrar viajes, reuniones o eventos es fácil. Lo difícil es explicar qué problemas existen atrás de todo eso, qué contradicciones aparecen cuando intentás conectar industria tradicional con tecnología, y por qué construir una empresa de datos aplicada al mundo físico termina siendo muchísimo más complejo de lo que parece desde afuera.
Estas semanas dejaron bastante claro algo: el mercado global está entrando en una etapa donde la sustentabilidad empieza a depender menos del relato y más de la capacidad técnica.
Y ahí es donde queremos estar.
Firma:
Pedro Cardoso, CEO & Founder de GEXPLO
